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40 años del 4D: la autonomía como esperanza de progreso



Manifestaciones de 1977 a favor de la autonomía. (Foto: Pablo Juliá)
Manifestaciones de 1977 a favor de la autonomía. (Foto: Pablo Juliá)

Andalucía fue la cuarta región española que, tras la restauración de la democracia, obtuvo el reconocimiento de su identidad histórica y el derecho al autogobierno. De acuerdo con la exigencia manifestada por el pueblo andaluz en el referéndum del 28 de Febrero de 1980, Andalucía dispone de amplios poderes legislativos, ejecutivos y judiciales. Estas competencias, recogidas por el primer Estatuto de Autonomía de 1981, fueron reforzadas y ampliadas en el nuevo texto aprobado el 18 de febrero de 2007.

La evolución del autogobierno andaluz arranca en junio de 1977, con las primeras elecciones democráticas celebradas tras la muerte del dictador Francisco Franco. En octubre, los diputados y senadores elegidos constituyen la Asamblea de Parlamentarios Andaluces, que se marca como primer objetivo lograr el reconocimiento de la autonomía plena.

El trabajo de los representantes políticos se ve respaldado y empujado por una creciente movilización popular, motivada por el ansia de progreso del pueblo andaluz que no estaba dispuesto a seguir siendo marginado y discriminado.

Las masivas manifestaciones del 4 de Diciembre, apenas cinco meses después de las elecciones, son la primera y más contundente prueba de la voluntad popular que los andaluces añaden al gran acuerdo nacional por la recuperación de la democracia y la libertad: acabar con la desigualdad y con el subdesarrollo.

Un millón y medio de personas sale ese día a la calles de las principales ciudades andaluzas reclamando progreso e igualdad. También en Barcelona, en Bilbao o en Madrid lo hacen masivamente y ofrecen así, lejos de la tierra, el más rotundo argumento de su reclamación.

Porque en 1977, la cifra de andaluces emigrados durante los dos decenios precedentes roza los dos millones, más de la cuarta parte de la población total de 1955 y con una pérdida anual que llega a los 100.000 entre 1962 y 1977.

Cifras como estas evidencian el alto coste que tuvo para Andalucía su papel subalterno en el Estado centralista de la dictadura. El franquismo había agrandado los desequilibrios entre Andalucía y las regiones ricas. La relación con ellas rozaba el colonialismo, al articularse a través de un suministro de mano de obra, materias primas y alimentos a precios iguales o inferiores a los mundiales, a cambio de productos manufacturados a niveles muy superiores a los de los mercados internacionales.

En 1977, la conciencia de este estado de cosas entre la sociedad no era exclusiva de la clase trabajadora que sufrió de tal modo los efectos de la dictadura recién superada. También lo era de quienes encontraban dificultades estructurales insalvables para emprender negocios y crear empresas. Por eso la movilización del 4D rebasó las expectativas de sus promotores y su transversalidad enseguida tuvo consecuencias en todo el arco ideológico.

Información obtenida del Portal de la Junta de Andalucía.
Fuente: http://www.juntadeandalucia.es

Source: Noticias en LSE